N adie
I magino
E ncontrar
T antos
O jos
S in maldad.
Claramente // Lucho por escribir aunque // Mi mano se oponga y // Diga que no.
Hace algunos años atrás, por trabajo, estaba en México y por un feriado nacional, me fui a visitar unos amigos a Dallas. Este viaje (por sus características) mereció una larga crónica que escribí en aquel momento. Pero extraigo y comparto, una parte donde hablo de mis pensares y sentires con respecto al asesinato de JFK.
Cuatro de la tarde del viernes. Llegamos a Dallas. El ómnibus a Fort Worth sale, teóricamente, a las 6 de la tarde. Tengo tiempo de pasear un poco. Salgo de la terminal y empiezo a recordar vagamente el nombre de una de las calles relacionadas con el asesinato de Kennedy.
Me acordé.
Elm Street.
Camino un par de cuadras y tengo la suerte de encontrarla. Sigo y llego al edificio, desde donde Oswald, “disparó” a JFK. Digo “disparó”, porque me quedo con la teoría de una conspiración donde este Oswald fue un títere, que pago con su vida su ¿participación?. Ese edificio, es hoy un museo. Cosa extraña, pienso. Un edificio relacionado con uno de los hechos, a mi juicio, más aberrantes de la historia norteamericana, es convertido en museo. Yo lo hubiera derrumbado para que no quedaran vestigios relacionados a ese hecho. Lo que hicieron fue dar vuelta el problema. Los “dallianos” están arrepentidos de eso que les pasó. Levantaron, a pocas cuadras del edificio, un cenotafio en homenaje a JFK, donde se leen placas en el piso que hablan de sus bondades como hombre y como presidente.
Luego caminé por la calle donde JFK fue asesinado, y recordé la película de Oliver Stone. El lugar era perfecto para hacer lo que hicieron. La calle va como en bajada, entre dos pequeñas barrancas de pasto, que terminan en unos paredones, desde donde seguramente había francotiradores, lo mismo que en los edificios de la zona. Pobre JFK, no iba a tener salida. Recuerdo otros detalles de la película mientras estoy parado en esa calle. Me corren escalofríos por el cuerpo y la temperatura exterior no tiene nada que ver.
Salgo del trance en el cual estaba y me doy cuenta que es hora de volver a la terminal.
Lo
Ultimo que se
Cruzaría por los
Recovecos de mi espíritu
Es pensar,que el
Cosmos y la
Insanía me llevarían
A creer en el amor otra vez
Buenos Aires (22-01-23). Ayer hizo un calor brutal. Salí a
correr temprano, a las siete, y volví hecha un colapso. No hablo con mi padre
desde hace semanas. Ni con nadie. Estoy en un mundo paralelo, un paisaje
interior donde todo está suelto, alborotado. Duermo mal, despierto muy
temprano. A veces tengo sueños preciosos. Otras no. Intento leer. Los libros se
acumulan en mi mesa de luz, marcados, subrayados, casi rotos. En la noche,
salto de HBOmax a Netflix, de Star+ a Amazon Prime. No permanezco. Nada me
parece genial, excepto la serie The Bear, que es genial por un motivo que aún
no identifico. Estoy bajo asedio, tomada por un magma circulatorio. Todos los
pensamientos me llevan al mismo sitio: eso que parece derramado, indecente como
un paisaje del Bosco. Una cosa abigarrada. Un solo punto hacia el que todo
confluye enloquecido. Me queda la esperanza del Tao, que dice que sólo el que
se detiene puede continuar, o algo así. Cada día me despierto pensando cómo
estará eso. Qué sensaciones saldrán de ahí. ¿Crueldad, alegría? Es como ser
llevada por un cauce. Sé detenerme, pero no quiero. Al final no hay
aniquilación, aunque existe el riesgo. Avanzo segura de mi armamento de
siempre, un escudo sin ilusión, pura prescindencia. He pensado en regresar al
doctor L., un acupunturista chino, porque sus agujas hace tiempo me hicieron
dormir. Pero creo que quiero estar despierta. Tengo prisa por estar viva,
aunque la vida real me interese poco. Estoy en otra parte, metida dentro de mí.
Expectante. Ahora, esta mañana, amaneció nublado y fresco. Ha llovido. Quizás
bastante. Son las siete menos cuarto. En breve saldré a correr. Corriendo me
salgo del cuerpo, tan tirano, clavándome a la vez el cuerpo con gula hasta que
desaparece y flota lejos de mí. He perdido la frontera y no sé qué es un día
bueno o un día malo. Diría, arriesgando, que todos los días son buenos,
repletos de cosas, sólo que a veces esas mismas cosas son las que hacen sufrir.
(link https://cadenaser.com/nacional/2023/01/22/el-magma-cadena-ser/)
@leilaguerriero2
Hace más de dos años que no vivo en Argentina. No vi ninguna de las ya famosas 3 finales en mi casa ni rodeado de los míos. Siempre lejos y con los amigos del momento.
La del Mundial, recién salido de Argentina y por la importancia, la sufrí como puede haber sufrido cualquier compatriota en terreno local, como solía sufrir el fútbol antes. En la primera de la Copa estaba ya un poco más tranquilo y el haberla compartido con un chileno frente al televisor me ayudo a bajar la ansiedad y entender que perder no era algo tan terrible (porque había un amigo, frente a mí, feliz). Esta última fue muy distinta, al punto de sorprenderme a mí mismo y a quienes miraban el partido conmigo (un argentino y un vasco-argentino). No sentía presión, tenía demasiada confianza y estaba convencido que el Universo y los planetas estaban conspirando para que la fiesta fuera total. La noche anterior a la final, en un asado chileno-argentino, le compartí esta sensación a un amigo argentino. Estaba convencido, lo sentía muy adentro, como si ya hubiera sucedido en algún nivel del Cosmos y acá lo fuésemos a ver por diferido. Me falló la brújula, perdón.
Esa misma noche no me pude dormir, pero no por los nervios, estaba tranquilo, nada me turbaba, sentía seguridad. Me quedé viendo videos de Messi hasta tarde, disfrutando los vistos miles de veces y descubriendo nuevos, hasta que me topé con uno que no había visto nunca (suena parecido al relato de Messi es un perro, lo sé). El video trata sobre las reacciones de rivales, compañeros y entrenadores ante los lujos y maravillas que este monstruo hace con la pelota. Lo miraba y sonreía, me deleitaba con cada reacción. Fascinación, alegría, sorpresa, frustración, decepción, todo era válido, todo al mismo tiempo. En ese momento, casi a las dos de la mañana australiana, me empezó a caer una ficha que no terminé de entender hasta que perdimos la final. A mí me gusta verlo jugar a Messi, con la del Barca o con la albiceleste. Me puedo quedar horas mirando sus goles y jugadas. En los últimos años vi más a Messi en Youtube que en partidos en vivo y en directo. Es todo lo que puedo hacer en esta vida nómade para saciar mi amor por la pelota. Esto me permitió desprenderme de lo que ahora entiendo, es lo menos importante: el resultado. Esos videos son compilados y como al Messi-perro, no les importa el resultado.
Viajar me enseñó eso, a desprenderme. Lo bienes materiales se me han vuelto menos importantes, el futuro y el pasado ya no me preocupan como solían hacerlo. El dinero, como la cantidad de copas levantadas, son numeritos. Aprendí que la plata va y viene, que lo importante son las personas, las amistades, los vínculos, las alegrías compartidas y el estar también en las malas (porque en las buenas está cualquiera). Ahora mi valija, la de las preocupaciones, viaja bien liviana, que no es lo mismo que vacía. Hice carne aquella frase dicha mil veces que dice que lo más importante no es el destino sino el viaje. La siento y la trato llevar a mi vida, salgo de las palabras escritas una y otra vez y me hago parte de la metáfora en cada rincón. No me importa que no hayamos ganado esa Copa, me quedo con los goles, la ilusión y la vida que se desplegó en el camino.
Cuando perdimos me puse muy triste, pero no por lo que resulta obvio al primer análisis. Me puse triste por Messi, por ese pibe que es solo 10 días más joven que yo y se banca tanto que me da escalofríos solo imaginarme en sus zapatos. Me puse mal por esa persona que estaba llorando en la pantalla y también en un estadio al otro lado del mundo. Miraba la tele y solo pensaba en darle un abrazo y no decirle nada, como los chilenitos el año pasado, porque no parecían haber palabras para contener tanta expectativa desecha. Escribo y me angustio de solo pensar lo mal que la debe haber pasado.
Mucho se ha escrito de todo lo que se bancó desde los 11 años, no hace falta repetirlo ni recordarle a sus detractores que los pecho frío son ellos. Solo quiero compartir mi experiencia, el cómo haber vivido viajando estos últimos años me hizo crecer en empatía y abandonar la necesidad de siempre buscar un culpable. No le voy a pedir a Messi que siga en la Selección, no soy quién, no estoy ni cerca de poder entender cuánto ha sufrido en cada final perdida, cargando con la expectativa de los famosos pecho frío y de los hinchas de verdad. Mi empatía creció, es cierto, pero tampoco tanto, porque lo de Messi está por fuera de la comprensión humana (ya sea porque lo consideren un perro o un extraterrestre). Verlo angustiarse me recordó que Lionel es una persona, no es una máquina, tiene sentimientos y tiene límites, como cualquier otro mortal sobre la Tierra. Si quiere dejar la Selección porque es lo que necesita, se lo respeto. Porque viajar me enseñó a no juzgar, porque es imposible ponerse en la piel del otro. Podemos acompañar, podemos sentir empatía y dar un abrazo silencioso cuando ya no existan palabras de aliento, pero no podemos juzgar porque no somos el otro, no estamos en su cabeza, no vivimos su historia ni conocemos el dolor de sus heridas. Él es un ejemplo, todos los ojos del mundo se posan en su persona y muchos lo juzgan como si fuesen los fiscales del Juicio Final, pero nadie trata de entender que es uno más, con todas las limitaciones que tiene el alma humana.
Claro que no me gustaría que deje la Selección, no hay nada más apasionante que verlo haciendo goles, bailando rivales y sacando sonrisas de las caras más duras, todo con la camiseta más linda que mi ojos pueden reconocer (también soy hincha de Racing). El solo hecho de pensar que no habrá nuevos videos en Youtube, me genera algo en el estómago.
De entre todas sus imágenes, mi favorita es aquella cuando al final del festejo de gol levanta el dedo índice y dibuja pequeños círculos imaginarios en el aire, dando a entender que el gol es de todos, que podemos confiar en él para que nos siga regalando más. Es eso, nos invita a confiar, nos comparte su magia con una solidaridad que no espera nada a cambio. Eso es algo hermoso que te da el viajar, la capacidad de reconocer, aceptar y agradecer la bondad sin exigencias, porque a veces no tenés mucho más para dar que un ‘gracias’ y una sonrisa. Pero hay mezquinos que no lo ven así, que parece nunca comprenderán que es más placentero el viaje que el destino, la magia que la lógica, el recibir y el dar sin compromisos, sin exigencias ni expectativas, sin pasado ni futuro. Qué importa quién te da, qué importa a quien le das. Como el mate o el vaso de agua, que no se le niegan a nadie. Eso hizo él, entendió que el viaje era parte del destino incierto y nos invitó, con el gesto del dedo, a subirnos al barco de la ilusión, un barco lleno de aventuras pero sin puerto asegurado.
Esta ficha es la que me empezó a caer y sigue maquinando, por eso el desorden de las ideas. Mi mente las procesa así, intensas, movedizas, curiosas.
Messi es una persona, un viajero solidario, desinteresado, deseoso de alegría, magia y sorpresa. Sabe que no es fácil y que los momentos malos existen. Se hace fuerte en el camino, fruto de las alegrías y las adversidades. Ese crecimiento es el que lo mantiene en movimiento constante y muchas veces cansador. Por eso, cada tanto, le dan ganas de volver a casa, de resguardarse en un abrazo de sentimiento materno, que calma el llanto y da seguridad. Porque nadie es capaz de todo, ni Lionel Andrés ni Diego Armando. Ni vos ni yo. Nadie.
No tengo más que palabras de agradecimiento por haber viajado con él y poder usar lo aprendido en estos años para empezar entenderlo, no solo al jugador, sino a la persona. Escucho y leo cartas y columnas dándole motivos para seguir, pidiéndole de una y mil formas que no lo haga, que no se rinda ante esos pocos, que parece que otra vez, están pudiendo más que unos cuántos. Todos los mensajes vienen cargados de amor, coraje y aliento. Tal vez ni los escucha (ni a los pocos ni a los cuántos), tal vez está cansado de luchar porque es humano, tal vez hoy no hay palabras que puedan llenar ese vacío que se agigantó en cada uno de estos tres años. No menospreciemos que haya llegado hasta acá, seamos agradecidos con lo que nos ha dado, con todos los videos de Youtube que le podremos mostrar a nuestros nietos. Imagino que hay quienes podrán pensar que esto es mediocridad o conformismo, pero les aseguro que es todo lo contrario. Al aceptar la vida entendemos que ‘éxito’ es solo una palabra y borramos ‘fracaso’ de nuestro diccionario. Al aceptar la vida nos desprendemos de las preocupaciones, de ambiciones impuestas, de lo materialmente excesivo, vivimos más felices, con la mente más tranquila y abierta.
Solo le deseo que encuentre paz, ya sea en un asado familiar en su querida Rosario o volviendo a entrenar a Ezeiza en unos meses. Él sabrá encontrar, como el viajero que confía, el momento y el camino.
I nmensamente eterno
N unca acaba
F in sin limites
I ncontable
N ever ending
I mpudicamente largo
T ermina en el más allá
O lvidate de llegar
Siga hasta el final
Vaya y agarre un libro. Cualquiera. No vale pensar. Mirelo. Huelalo. Deje el libro. En cualquier lado. Piense : “ya vendrá a decirme que soy un desordenado”. Otro reclamo más. Anótelo en su cabeza. Medite: “¿vale la pena seguir aguantando? ¿vale la pena seguir viviendo así?”. Recuerde cuándo fue la última vez que hicieron el amor. No llore. No se angustie. Olvídese como si tuviera Alzheimer. Busque una música que lo haga bailar. Se acaba de dar cuenta que está solo. Aproveche. Disfrute. Incluso cante. Más fuerte que en la ducha. Pierda la noción del tiempo. Crea escuchar que el portón se abre. Ignorelo. Porque sabe quién es. Suba el volumen. Por más que la vea entrar, siga como si nada. Escuche su voz. Haga que no entiende. Esa voz está gritando. Mirela. Ignorela. Siga bailando a pesar de que ella bajó el volumen. Suba la escalera al son de la música que todavía resuena en su cuerpo. Busque la mochila que preparó. Baje las escaleras. Vaya hasta la puerta. Agarre la valija que ella no vió. Váyase. Sea feliz.
S abato
A hora
B usca a Lavalle y
A bbadon mira el
T unel de las tumbas de
O tros héroes.
Es lo que dice la tele.
El sol rojo y apocalíptico
dice
cual croupier
“no va más”
¿será la última imagen
que quedará en mi retina memoriosa?
parpadeo para no enceguecer
pero queda un botón blanco
en mi pupila
¿es el acabose?
¿así será el fin del mundo y nadie
nos dijo nada?
siento que miro el
agujero de la puerta
del fin del mundo:
o sea, el mismo infierno.
R isueño y realista, supiste
E ncontrar tu lugar en el mundo.
C ada encuentro con vos era un
O rgasmo vital.
N ada era imposible.
D ejaste una marca difícil de
O lvidar. Extraño no verte.
Nubes de colores
que se mezclan
invitan a imaginar
mundos diferentes
por occidente
Sol apocalíptico
cae
diciendo
“no falta mucho.
por oriente
Luna vital
invita
a seguir
en este mundo.
Compañía de insomnes
luchan por domar
sus eternos temores.
Amiga de planetas distantes
ansiosos por mostrarse
durante el atardecer.
Los débiles espíritus
dudan en salir de sus cuevas
aterrados por tus ruidos.
Cómplice de besos robados
a vírgenes que
lloran por amor.
Solo el arrebol es
capaz de ignorar
tu techo azulado.
Juraste lealtad a la familia y los
Amigos como una religión.
Viviste
Intensamente tu historia.
Extrañare tus abrazos.
Recordarte es una obligación.
Para uno de mis cumpleaños mis hijos me regalaron "poesía magnética" , podríamos catalogarlo como una especie de juego con palabras recortadas en pequeños imanes y así poder armar textos que se pegan en una plancha de metal. y como la creación me lo permite, jugué con los espacios de esa plancha.
Hoy es un día donde vemos la
Imbecilidad del
hombre cuando se
Recuerda el
horror/error atómico.
Ofrendamos
nuestra memoria para
Silenciar el
ruido atroz de
Hiroshima y
Nagasaki.
Imploremos a los líderes
para que no haya
Más muertes ni guerras.
Ahora y por siempre, que haya paz.
| o | chenta no se |
| c | umplen todos los dias |
| h | ay que llegar a |
| e | se dia y estar como |
| n | unca. |
| t | odos estamos |
| a | gradecidos de tener una |
| m | adre unica y que seas una |
| a | buela de lujo |
| d | ivertida como pocas |
| r | isa contagiosa |
| e | stamos y estaremos para |
| s | eguir celebrando tu vida! |